Llámanos
Como padre o madre, reconocer que tu hijo necesita apoyo psicológico puede despertar culpa, miedo o confusión. Pero pedir ayuda profesional para un niño o adolescente es uno de los actos de cuidado más importantes que puedes hacer. Esta guía te ayuda a saber cuándo es el momento.
Los adultos expresamos el malestar con palabras. Los niños lo expresan con conducta. Un niño que está sufriendo puede portarse mal, negarse a ir al colegio, volverse agresivo, aislarse o quejarse de dolores físicos sin causa médica aparente.
Por eso la pregunta no es tanto "¿está triste mi hijo?" sino "¿qué cambió en su comportamiento?"
Un niño que era tranquilo y se vuelve explosivo, o viceversa — un niño activo que de repente se aisla. Los cambios sostenidos en el tiempo, especialmente sin un motivo claro, merecen atención.
Caída en las notas, rechazo al colegio, conflictos frecuentes con compañeros o maestros. Cuando el rendimiento escolar baja de forma sostenida y el niño no puede explicar por qué, suele haber algo emocional detrás.
Dolores de estómago frecuentes, dolores de cabeza, náuseas antes del colegio. Estos síntomas somáticos son una forma muy común que tienen los niños de expresar ansiedad.
Miedo a la oscuridad, a estar solo, a que algo malo le pase a sus padres. Los miedos son normales en la infancia, pero cuando interfieren con el funcionamiento diario o son desproporcionados para la edad, requieren atención.
Un niño que ya no se orinaba en la cama y vuelve a hacerlo. Uno que hablaba bien y empieza a hablar como bebé. Las regresiones son señales de que algo está generando estrés.
Dejar de ver amigos, desconectarse de la familia, pasar horas encerrado en su cuarto. Un nivel de aislamiento que supera la búsqueda normal de privacidad propia de la adolescencia.
Dormir demasiado o muy poco, comer en exceso o prácticamente nada. Los extremos sostenidos en el tiempo son señales de alerta.
Los adolescentes tienen cambios de humor — eso es normal. Lo que no es normal es una tristeza que dura semanas, una irritabilidad que hace imposible la convivencia, o un vacío que el adolescente mismo describe como no poder sentir nada.
Marcas en brazos o piernas, ropa que cubre más de lo habitual en verano, frases que sugieren que se hacen daño. Ante cualquier sospecha, busca ayuda profesional de inmediato.
Indicios de consumo de alcohol o drogas. En adolescentes el consumo casi siempre cumple una función emocional — es una forma de manejar algo que no pueden procesar de otra manera.
Es común. Especialmente en adolescentes. Algunas ideas que ayudan:
En Alíneo atendemos desde los 6 años. Para niños más pequeños, el trabajo suele realizarse principalmente con los padres.
Depende de la edad y del motivo de consulta. En niños pequeños la participación de los padres es parte del proceso. En adolescentes se mantiene la confidencialidad y solo se comparte información general sobre el avance.
Sí. Con niños se trabaja a través del juego, el dibujo y actividades adaptadas a su etapa de desarrollo. No se espera que el niño "hable de sus problemas" como lo haría un adulto.
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